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Mostrando entradas de septiembre, 2022

¿Cómo estás? -Diciotto

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 Suzanne Simard nos cuenta en su libro su tesis doctoral acerca de la comunicación de los árboles y lo hace a través de los altibajos de su vida. Su tesis no contenía esto último que su libro sí desarrolla. El lector medio no tiene porqué aceptar esta separación que hace a los estándares de los textos académicos. La primera persona, por un lado; el abedul y el abeto, por el otro. Elige su libro. Aunque la separación nos sigue despertando curiosidad y subsiste. Si el libro contiene el descubrimiento de las redes fúngicas subterráneas como obra de toda una vida, y la tesis no, ello se debe a que el libro está más cerca de la apariencia de ese sueño que es la vida, cuyo lazo entre nosotros y la naturaleza pende de un párpado, un punto de vista.

¿Cómo estás? -Dezessete

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 Hoy salí a pasear con un libro y me pregunto si voy a leerlo delante de mí, como a aquel árbol, bajo la nube y al lado de aquel que cruza los espacios porque es su trabajo venir y pasar y seguir. 

¿Cómo estás? -Dezesseis

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 Dios de Abraham, muerte de Cristo, siglo de oro y, nombre en vano, soledad.  

¿Cómo estás? -Quince

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 Entendíamos el árabe antes de la guerra y hablábamos ruso antes de Ucrania, como tuvimos mito antes de la ciencia y Revolución Francesa a la par del tiempo. 

¿Cómo estás? -Catorce

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  Muchas de las primitivas representaciones del cuerpo humano fueron tomadas como fantasía o mito-poesías de tales culturas, pero en realidad podemos preguntarnos por su relación con esa alchimie miserable que concibe el cuerpo como prisión del alma: "¿podría liberarse el alma (y de sus traidores y de los reaccionarios) si somos capaces de trazar el inciso preciso y mágico de este mecanismo de relojería ginebrino?"

¿Cómo estás? -Treize

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  Los esbozos y planos y diagramas que tanto admiramos en Leonardo, ¡hasta ese boceto que dibuja cabellos para estudiar el agua, sí, y sogas, luego de descubrir que el infinito está aquí y puede devorarnos! Esos esbozos se inspiran en los textos árabes. “Debe haber mucha libertad en la mano que trazó los dibujos que pervivieron al lado de un texto clásico”, habrá pensado aquel hombre, “debe haber tanta libertad como cuando Platón toma el ejemplo mismo de la esfera que usa Parménides para cuestionar el uno infinito tal y como lo concibe el presocrático”. Leer así, ver así, percibir así bajo los dominios del ser inmutable y en medio del albatromba del Diluvio, eso debe ser el bien, la libertad.

¿Cómo estás? -Douze

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  La retórica escolástica contra la que se rebeló el humanismo por su fundamento polémico y argumentativo, su dependencia de los clásicos tal como eran transmitidos bajo el fundamento de autoridad; por las formas de lectura oral en el esquema discípulo-maestro expositivo, y por los esquemas de recepción que establecían los textos en un rígido proceso de selección del que acaso sobrevivía la sed por el sentido propio, original. Esta rebeldía (¡incluso contra el latín y contra Aristóteles!) encontró en la ilustración de los textos matemáticos su cómplice y su estocada final contra los adláteres de las artes liberales .

¿Cómo estás? -Onze

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  El libro álbum/ la ilustración en los libros infantiles/ el diagrama-talismán de los libros de ciencia/ Giordano Bruno/ lo estudios de perspectiva de Uccello/ la recepción de Euclides/ los esquemas matemáticos/ el uso del espacio en la impresión de libros para dar lugar a la ilustración/ el dibujo en Giotto/ la ilustración erótica o el sensualismo en, por ejemplo, las Mil y una noches/ el esquema Kantiano/ las tablas de Novalis/ la ilustración de la Biblia/ los orificios nasales de Marvin Gaye/ el uso del compás/ la lengua de Petrarca/ el espíritu de precisión en Pascal/ Descartes/ el movimiento en una parte de Habermas/ el garabato en una llamada telefónica/ el sismógrafo/ el modelo comunicativo de Jakobson/ el árbol en Saussure/ el ejemplo de la mesa en Quiné, Cordon, Russell.

¿Cómo estás? -Dix

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 Para Benjamin hay dos violencias y me pregunto si el que sufre, sufre tus dos víctimas: más y más.

¿Cómo estás? -Neuf

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 Allá se podía llegar a conocer en la frase larga y siempre imaginé que Goethe, contra Leonardo, podía ver sin arrancar ni herir y entonces serpentear la N del hijo de Cronos, según Píndaro, sobre la i y la l y la o y acariciar. 

¿Cómo estás? -Huit

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 Cuando podíamos imaginar el dolor, podíamos imaginar el pasado y todo era animal, inefable y confirmación y níspero. 

¿Cómo estás? -Sept

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Haute Couture , así debe ser siempre la letra. Las manos, los pies, la palabra. Había que cambiar de lugar la puerta, pensaba Fritz porque tenía en mente los estudios de Hollywood. Godard: "Tendría que buscar otro departamento. Las puertas tienen el lugar de las puertas". Hay que cambiar cerca o ponerse cerca de otras para crear cosas.

¿Cómo estás? -Six

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 El anónimo surgió de las amenazas del individuo. Anónimo fue sinónimo de individual. Sórdido. Homero, Shakespeare, pero también Dumas. Este último porque anónimo también era súbdito de lo individual. Carácter subalterno que, con el tiempo, se fue emparentando con el fraude. El fraude de lo individual podía salvarse con el anónimo. La masa era anónima porque podía ser manejada por un líder, es decir, por algo que huele mal. Y eso que vino luego, las amenazas anónimas, fue el individuo como esa figura inevitable que podías encontrar, de pronto, habitando tu propia casa. Pero no todos tienen casas. Por eso, inspirados en las burbujas financieras, más tarde surgirían colectivos anónimos. Implantes de anonimato como marcas para extender la red de redes a todos los individuos del mundo. Hoy el anónimo es la antonomasia de lo individual, porque el individuo ya no es una farsa que subsumir en el grupo, etc, sino una performance pacata, que asume su ironía y ficción con gracia y te rige a ...

¿Cómo estás? -Cinq

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 No soy rico y el poquito dinero que tengo es mucho texto que no es mío. Lo saben las frutillas, las nueces y la televisión que estaba encima de la cabeza de la boliviana. Pero mañana solo habrán hipermercados y nadie te recordará tu destino. 

¿Cómo estás? -Quatre

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Algo más o menos así le escribe Rilke a Clara: "Tu carta, con todos esos pensamientos...". La palabra grandeza también tenía ese mismo tono, sin transición, sin mediación, sin preocupaciones. Pero con mucho trabajo por delante. 

¿Cómo estás? -Trois

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 La mayoría de las veces, escribo mi nombre después del verano. Lo entrego cortado por los días que me llevaron hasta allí. Lo hago para que me dejen escribir, aunque no sospechen de nada. 

¿Cómo estás? -Deux

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No escribo, como decía Platón, dentro de lo justo. Justo escribo. Palabras simples. Lo eran para Rilke y para Schubert. Sobre todo para sus biógrafos y filólogos, quienes las oponían a las palabras ordinarias de la filosofía analítica. No porque fueran vulgares o meros cuchicheos. Sino porque estos últimos vivieron en el albor de la aldea global y al borde de la saturación informativa. Ordinarias eran porque todavía no había celulares que las captaran como vestigios y patrones para adaptar las corrientes informativas. Estas palabras aún vivían en las populosas ciudades. En cambio, las palabras simples tenían algo de frontera y trasiego, de noticia de paz, amistad y buen entendimiento y de invasión, celebración y complicidad. No pensaban que todo puede decirse de otra manera, incluso lo mejor. Creían que Laocoonte seguía gritando. 

¿Cómo estás? -Une

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  Cuando Pascal enfrenta a la razón con la palabra corazón, sabe que está doblando el corazón del corazón, y que sigue siendo más simple la razón y más común su sentido. Porque la lengua de Pascal es la traducción y la de Descartes es la francesa. La razón de la traducción se contrapone a la razón de la lengua nacional. Por eso, el filósofo trágico escribe dos veces la palabra razón en su famosa frase. Una para la lengua y la otra en contra. Pascal no puede pensar el corazón sin nexos y adjetivos. Descartes puede estudiarlo como a una metáfora.